Hay días que te apetece irte a un bosque, de esos que aparecen en las pelis románticas, y estar sola, pensando y decidiendo qué hacer en determinadas situaciones de tu vida cotidiana. Para esos días no hay nada mejor que colores cálidos y acogedores, aire libre, solecito, tu música favorita y un poco de relax. ¡Este ambiente me encanta!Encima si eres forofa de los cafes frios o de los smoothie´s...mhh...¡qué mejor compañero que alguno de los dos! Además si tienes la suerte de tener un lugar así de acogedor cerca de cada, podrás debatir allí todas tus dudas existenciales, esas que te rondan en la cabeza cada dos por tres, sobre todo a nosotras, ya que una semanita antes de tener a nuestra amiga "tomatita" estamos más suceptibles de lo normal y le damos cien mil vueltas a las cosas, cosas que se supone que ya estaban bien ubicadas. Pues para esos momentos qué hay mejor que sentirte guapa y relajada, yo creo que nada.
En el hall del Instituto Cervantes estaba la exposición “20 trajes para Europa”, en la que se aunaban literatura y moda. La exposición contaba con la obra de veinte diseñadores de moda, que se encargan de vestir la poesia y la prosa de grandes escritores castellanos, húngaros, neerlandeses y franceses.
El escenario elegido para la puesta en escena era magnífico, unos paneles traslúcidos y luminosos con el texto escrito sobre ellos dejaban ver el traje acorde al tipo de texto.
La sala oscura, rodeada de grandes paneles, literatura y diseños llamativos hacía que te sumergieses en un mundo etéreo, en el que sólo se podía dejar lugar a la imaginación. Mientras leías el texto, ideabas en tu mente cada imagen, cada escenario, los personajes... y con la ayuda de los diseños te hacías una idea final de las vestimentas que transmitían las propias palabras.
Bajo mi punto de vista algunos diseños no tenían mucho que ver con el texto al que pertenecían, pero se trata de algo subjetivo, puesto que lo que aporta cada texto es diferente en función de la persona que lo lea.
Diseñadores como Ágatha Ruíz de la Prada, Ángel schlesser, o Amaya Arzuaga pusieron su granito de arena para que la muestra fuera perfecta. También contaban con el diseñador Devota & Lomba, capaz de ilustrar el texto de Cien años de soledad de García Márquez.